lunes, 24 de septiembre de 2012

LIBERTAD CONDICIONAL



Cuando acaba el verano
En la arena, a la orilla del río
Los pies desnudos del viajero
Mojados por el sol que se despide
Descubren de inmediato, color canela
La luz de unos ojos que tarareando
Contonean al compás de una música marina
Salada y celeste, profunda y dormida
Que trae consigo agudos y graves
Susurros de libertad.

Las gaitas que desvanecen
Al filo de la noche
En las estrechas calles
De la parte antigua de Santiago
Lo trasladan a otras calles
Otras estrechas, otras antiguas
Otro Santiago
Otras madrugadas imborrables
Donde despierta casi ausente
Un hombre que es un enigma
Un coro de Ángeles o un mito.

Una vez más con desespero
Y su mirada puesta en el infinito
Busca un atajo, un minúsculo agujero
Que lo lleve a un lugar
Tal vez sagrado
Donde espera su destino
Y donde pueda olvidar
Otra mañana que desvela
Porque él teme por su dolor
Y también por el dolor ajeno
Por eso canta entre dientes
Una fiesta de amor a su nodriza.

Con viento en la palabra y en la voz espuma
Acaricia la guitarra con las manos roídas
Por el oxido que desprende su ventana
Por las rejas que se encuentra en cada esquina.

Camina, como quien siempre camina
Por toda la cuidad en secreto
Cuidando el sueño de los que temen
De los que nada tienen
De los que nada esperan
De los que cada día
De una inevitable muerte resucitan.

Tantos que como él
Se mueven
Se trasladan 
Se deslizan
Pero alas para volar
Necesitan.



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